Capitulo tres
Ya entrando lo primero que veo fue la sucursal del Banco auspiciador vendiendo los tickets para las entradas, platos de fondo y postres, el gran dilema que voy a comer? Quería asegurarme para no tener que regresar a las ventanillas del banco y tener que hacer más colas, entonces me decidí por lo seguro. Señorita por favor me da dos tickets para dos entradas, dos platos de fondo y dos postres y quiero pagar con un billete de 100 dólares (que era una caleta y la tenía para pagar unas cuentas pendientes), aproveché ya que estaban cerca las ventanillas del Banco para cambiar el billete, cuando la señorita de la ventanilla me dice que no aceptan billetes de más de veinte dólares, señalándome el letrero que tenía en la ventanilla, ¿ahora qué hago?, buscando entre mis bolsillos, a Dios gracias tenía algo en moneda nacional como para comprar la mitad de lo que pensaba, esto es, una entrada, un plato de fondo y un postre, pero ya no me alcanzaba para la gaseosa.
Ya con los tickets en la mano me fui a buscar comer una entrada para ir entrando en calor para luego ir a resolver el problema de liquidez. Comencé a caminar y había una variedad de entradas y solo tenía para una, no me quedó más que asegurarme con el ceviche y me fui a Punta Sal. Estuvo delicioso, ese camote gratinado me pareció fabuloso, al terminar me encontré con unos espectaculares anticuchos Pascuala, hice mi cola y a la hora de mostrar mi tickets, me dijeron que costaba diez soles y allí se pagaba en efectivo, lo que yo ya no tenía. Me fui entonces a las oficinas del evento que estaban muy cerca, para ver como poder solucionar mi drama, porque ya me habían dicho que si salía ya no entraba. Ya en las oficinas, hablaron con los VIP y vino uno que gentilmente me acompañó a la puerta sirviéndome de salvoconducto hacia el exterior, sobre el ingreso de la Av. 28 de Julio.
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